miércoles, 13 de mayo de 2026

Miguel Prieto no inaugura el fenómeno: lo saca de la ANR. Por: Prof. Hugo Alberto Duarte El caso Miguel Prieto merece atención, pero no por las razones habituales. Su crecimiento no demuestra que Paraguay esté descubriendo recién ahora el fenómeno outsider. Lo que muestra es algo más específico y potencialmente más desafiante: la posibilidad de que un liderazgo no tradicional, con origen municipal, discurso “anticentralista”, imagen de gestión local y base regional, intente construir una alternativa por fuera de la ANR. Esa es la verdadera novedad. No el outsider. La novedad es el outsider con pretensión de estructura propia fuera del coloradismo. Porque Prieto no aparece solamente como una figura mediática. Aparece como alguien que intenta proyectar desde Ciudad del Este una narrativa nacional: gestión contra burocracia, territorio contra centralismo, ciudad dinámica contra capital política agotada, liderazgo joven contra dirigencia tradicional. Ese fenómeno merece ser estudiado. Pero sería un error entenderlo como si Paraguay estuviera recién entrando en una tendencia regional. Más bien habría que preguntarse si Prieto puede lograr por fuera de la ANR lo que la ANR ha hecho tantas veces hacia adentro: convertir un liderazgo personal en una estructura nacional competitiva. Ese es el problema central. No basta con crecer en encuestas. No basta con expresar hartazgo. No basta con representar renovación. La pregunta decisiva es si ese capital simbólico puede traducirse en organización, alianzas, control territorial, defensa electoral, candidaturas legislativas, cuadros departamentales y capacidad de sostenerse más allá de la emoción inicial. La historia paraguaya está llena de terceros espacios que irrumpieron con fuerza y luego se desinflaron. Encuentro Nacional, Patria Querida, UNACE, Frente Guasu, Cruzada Nacional: todos, en distintos momentos, captaron energía social. Pero no todos lograron convertir esa energía en una arquitectura estable de poder. La ANR, en cambio, puede perder popularidad, puede sufrir internas durísimas, puede desgastarse moralmente, puede enfrentar rechazo social; pero conserva una ventaja decisiva: no depende solo del entusiasmo. Tiene una maquinaria.

viernes, 24 de abril de 2026

El Estado en la Encrucijada: De la Herencia Autoritaria a la Emergencia del Poder Paraestatal Prof. Hugo Alberto Duarte I. Marco Conceptual y Antecedentes Históricos La Ciencia Política, en su acepción más pragmática, se ocupa de las dinámicas de poder y de la arquitectura normativa que rige su adquisición, distribución y ejercicio dentro de un cuerpo social. Bajo esta premisa, el análisis de la evolución institucional de Paraguay revela una tensión dialéctica irresoluta: la colisión entre una cultura política profundamente autoritaria y los esfuerzos intermitentes por consolidar una praxis democrática. Desde la génesis del Estado moderno tras la Guerra de la Triple Alianza —proceso tutelado por potencias extranjeras—, la soberanía paraguaya ha estado marcada por la injerencia externa. Esta herencia persiste hoy en la retórica preelectoral, donde la legitimidad de las candidaturas parece gravitar más en torno al beneplácito de potencias aliadas que en la solidez de sus proyectos nacionales. II. La Hegemonía y la Metamorfosis de los Actores Políticos El siglo XX paraguayo se caracterizó por desplazamientos de poder al margen de la institucionalidad constitucional. La alternancia de 1904 inauguró un ciclo de hegemonías partidarias y faccionalismos violentos que, tras la Guerra del Chaco, dio paso al Ejército como actor político predominante. La guerra civil de 1947 consolidó la alianza cívico-militar, un modelo que, tras periodos de anarquía y disputas intestinas, cristalizó en el régimen de tres décadas iniciado en 1954. Este periodo de estabilidad relativa se cimentó en un complejo sistema de concesiones a la oligarquía y a la cúpula militar. No obstante, el desarrollo de grandes infraestructuras hidroeléctricas gestó una nueva clase empresarial vinculada a los contratos estatales. Fue esta naciente élite económica, en convergencia con sectores militares orientados a los negocios, la que finalmente precipitó el fin del régimen a finales de los años 80, iniciando una transición acelerada hacia la democracia. III. La Trampa de la Dialéctica Ideológica y el Punto Ciego Nacional Tras la caída del régimen, el mapa del poder se diversificó. Emergieron tensiones rurales por la propiedad de la tierra y desafíos urbanos a los liderazgos tradicionales. Sin embargo, la respuesta del sector conservador fue el repliegue hacia una retórica anacrónica propia de la Guerra Fría. Los campesinos pasaron a denominarse comunistas y los sectores urbanos organizados fueron bautizados como terroristas. Al reducir la complejidad de las demandas sociales (vivienda, reforma agraria, servicios públicos) a una dicotomía simplista entre "capitalismo y comunismo" o "derecha e izquierda", la clase política ha incurrido en una ceguera estratégica. Mientras los actores históricos se desgastan en esta lid ideológica, el crimen organizado ha cooptado silenciosamente las fronteras y los territorios rurales, estableciendo un orden paraestatal basado en el tráfico de narcóticos, armas y el contrabando a gran escala. IV. Conclusión: La Necesidad de "Pensar Fuera de la Caja" La aparición del sicariato como herramienta de mediación política es la señal inequívoca de un nuevo tiempo. Nos enfrentamos a un actor transnacional que posee la organización de la derecha, el músculo financiero de las élites y la capacidad de movilización territorial que antaño reclamaba la izquierda, pero con un componente adicional: el ejercicio de la violencia armada y la ausencia de escrúpulos ideológicos. Pensar fuera de la caja en el contexto paraguayo actual exige: 1. Superar el reduccionismo ideológico: Abandonar los marcos rígidos de la Guerra Fría que impiden ver la realidad del territorio. 2. Reconocer al nuevo adversario: Entender que el crimen organizado no es solo un problema policial, sino un competidor por el control del Estado que ya ofrece esquemas de "redistribución de lucro" en sectores marginados. 3. Romper el statu quo: Cuestionar las soluciones lineales y las estructuras que han permitido la infiltración de estos grupos en la estructura económica formal. Si las fuerzas vivas de la sociedad —campesinos, empresarios, intelectuales y políticos— no logran articular una estrategia que trascienda sus disputas tradicionales, el Estado paraguayo corre el riesgo de convertirse en un mero espectador de su propia disolución territorial y política. Es imperativo exige abandonar la comodidad de lo conocido; el nuevo horizonte exige audacia intelectual y pragmatismo patriótico.